ECONOMÍA DE LO COTIDIANO | Debatiendo y haciendo

ECONOMÍA DE LO COTIDIANO | Debatiendo y haciendo

Por estos días ha sido muy activo el debate sobre temas económicos. Dos conocidos economistas, Pascualina Cursio y Jesús Farías, han escrito e intercambiado posturas sobre puntos cruciales para los venezolanos. Lo más interesante de todo, sin embargo, es que el pueblo está opinando activamente sobre el asunto.

Y es que así es este pueblo, enterado, despierto, estudioso, siempre tiene algo que opinar. No hay una camionetica, vagón del metro, ascensor, esquina o grupo de “guasap” en el que no se discutan temas de interés nacional, con altos niveles de formación.

De los apagones nos volvimos expertos electricistas, pero no del bombillito, no, no; sale una estudiante de liceo a decir cuántos kWh genera Guri, cuánto la termoeléctrica, y cómo se distribuye la energía al país. Si se va el agua, siempre llega un experto abogado, experto en ingeniería hidráulica preocupado porque la reparación es en TUY I y no en TUY II; calculando cuántas horas tardará en llegar nuevamente el líquido a Caracas, porque ya calculó la distancia y los msnm de la ciudad.

Y cuando de derecho constitucional se trata, nadie le sabe más que la señora del kiosko, no sé de dónde saca tiempo para estudiar tanto y citar jurisprudencia y todo, pues trabaja por lo menos 10 horas al día ¿Epidemiólogos? Están de moda, con autoridad el Sr. de la panadería te dice que no cree en la inmunización del rebaño, la vacuna rusa ya está en fase IV y “ponte el tapaboca para reducir en 95% la posibilidad de contagio”. Así somos los venezolanos, no importa si se es estudiante, ingeniero o mototaxista, siempre sabemos.

Pero el tema del que más sabe y opina el venezolano es la economía. Y no es para menos, es que somos los protagonistas de esa disciplina; formamos todas las variables que estudia la ciencia económica. Al respecto, somos los que trabajamos, producimos valor, formamos parte de las tasas de desempleo, pagamos impuestos, cobramos salarios, pagamos intereses, consumimos, padecemos la escasez y ya tenemos estudios avanzados en hiperinflación; por lo que parafraseando el refranero popular: no vengan a echarle cuentos de plusvalía a quien de economía hace la historia.

Son varios temas los que se discuten, pero tres están en el epicentro del debate: la remuneración al trabajo (sueldos y salarios), la política fiscal (pago de impuestos) y la redistribución del presupuesto público.

Al respecto haré unas consideraciones, sobre el salario, pero no para responderle a mis colegas Cursio o Farías, ya que ellos saben sobre esto que diré; sino para todos los economistas populares que seguirán opinando sin parar en cuanto espacio se encuentren.

Hablemos del salario. No es secreto el deterioro que ha sufrido el poder adquisitivo del salario, pulverizado por el rezago que acumula respecto a la hiperinflación. Esa es una situación insostenible, y en reiteradas ocasiones lo hemos planteado; el salario digno para el trabajador es fundamental de cara a la recuperación económica. Al trabajador no se le puede pedir más sacrificio.

Ahora bien, las cosas deben colocarse tal cual son; los salarios dignos no son decretados y ya. No es tan sencillo. La remuneración al factor trabajo (salario) debe surgir de un convenio productivo; el valor que quiere y necesita el trabajador para su consumo, gastos, alimentación, debe producirlo. Y ese es un aspecto de la ecuación que no leo a nadie exponiendo.

Hasta a partir de 2012, la renta con la que contaba el Estado para distribuir y repartir en la sociedad ha venido disminuyendo dramáticamente. En la actualidad el ingreso petrolero es prácticamente nulo; aunque no se cuente con cifras oficiales, no es difícil inferir que con precios del petróleo bajos, la producción baja, y parte de la producción destinada al consumo interno, no queda mucho para la maniobra.

La “torta” que se está distribuyendo a los diferentes factores de producción, capital y trabajo sufre una disminución arrastrada por la caída del ingreso petrolero. Es decir por la caída de la productividad de la economía. No hay renta para distribuir y no hay trabajo para producir valor. Debemos recordar que: 1) el sector con mayor absorción de trabajadores es el sector terciario (servicios, comercio Administración Pública); 2) tenemos 6 años bajo bloqueo a la economía venezolana; 3) ya llevamos 4 meses en cuarentena.

Un ajuste fiscal (cobrar más impuestos) para cubrir el déficit y pagar los salarios no parece ser una solución sólida, pues en medio de esta contracción, los impuestos generan desestimulo; una reforma fiscal integral es sin duda parte de la solución, pero en el marco de un plan de reactivación económica productiva, procurando una nueva cultura tributaria, totalmente ausente en el país. Y no para financiar el déficit y ya. Las medidas aisladas no resuelven el problema.

¿Y entonces? ¿No es posible aspirar a un salario digno porque no hay renta, no hay productividad y no puede sacarse de los impuestos? Sería absurdo pensar que luego de una liberación de los precios y una ajuste (devaluación) del tipo de cambio, los trabajadores continuemos cobrando montos irrisorios; pero pagando nuestro consumo en precios dolarizados.

Debe hacerse una revisión de la LOTTT, para que la empresa privada salarice todos los pagos o estipendios extraordinarios que otorga al trabajador para mantenerlo trabajando. Igualmente, aunque en menor proporción, ocurre en algunas dependencias públicas que reciben pagos especiales mientras otros no reciben ese tipo de compensación.

Debe diseñarse un plan sectorial de impulso a la producción, que permita realizar ajustes sustanciales en los salarios. Es allí, en medio de un plan de este tipo, que se debe realizar la reforma fiscal para que el Estado capte nuevos ingresos y los destine a servicios públicos, programas sociales y mejoras salariales.

Se pueden hacer otras cosas, se pueden diseñar planes más o menos ambiciosos, más o menos amplios, más o menos justos en la remuneración a los factores de producción, más o menos integrales, más o menos satisfactorios. Lo que no se puede hacer, es seguir esperando, sin resolver el problema de los salarios.

Raúl E. Peñaloza B. | @raulen13 – Ciudad Caracas / OVRE

La columna Economía de lo cotidiano se publica todos los martes en Ciudad Caracas

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