ECONOMÍA DE LO COTIDIANO | Guerra y economía, hermanas de sangre

ECONOMÍA DE LO COTIDIANO | Guerra y economía, hermanas de sangre

La economía y la guerra son elementos inseparables en la historia de la humanidad. La economía propiamente es una guerra constante; la guerra tiene objetivos y consecuencias económicas. Además la economía es un arma de guerra utilizada para doblegar a los enemigos.

La lucha que lleva la economía en su seno es una confrontación permanente en búsqueda de equilibrios que solo existen teóricamente y si se alcanzan no se sostienen; porque sus variables tienen vida propia y su lucha no tiene descanso.

Al igual que a lo interno, donde la economía lleva el gen de confrontación permanente, también a lo externo de sí misma se manifiesta esa confrontación; la palpamos, la escuchamos, la padecemos, la vivimos; algunos le llaman simplemente ”mercado”. Y allí se enfrentan los salarios y la explotación, la oferta y la demanda, exportaciones vs. importaciones, impuestos y ganancia, entre otras variables antagónicas.

Pero más allá de lo teórico o lo epistemológico; resulta que la guerra física, real, fáctica, acompaña a la economía en todas sus decisiones y la economía acompaña a la guerra. Pues todas las guerras son siempre económicas.

Al interpretar “la guerra” desde la perspectiva de la historia económica, en la búsqueda de entenderla y reconocerla como categoría de la ciencia económica, la ubicamos en el contexto de las relaciones internacionales, la geopolítica y el comercio internacional.

La comprensión de la economía como hecho histórico, jurídico, político y social deja en evidencia la deuda de la ciencia económica con esta variable, que es abordada por otras ciencias sociales. A pesar de las evidencias históricas, y hasta la confesión descarada de actores intelectuales y ejecutores de acciones de guerra económica, aún se sigue debatiendo su existencia.

La guerra, el enfrentamiento, la lucha, son elementos que transversalizan la historia de la humanidad. Las relaciones de naturaleza económica juegan un papel protagónico en las motivaciones del ser humano a lo largo de su desarrollo económico, político y social.

La lucha por la supervivencia, la colonización y la esclavitud, el feudalismo, la rivalidad económica, los enfrentamientos geoeconómicos y competitivos, la lucha de clases, la competencia comercial, el imperialismo, el multilateralismo, son solo algunas dimensiones en las que se manifiesta de forma clara y directa la guerra como muestra de las aspiraciones económicas.

Sin embargo, no hay un reconocimiento absoluto, ni convención, ni método alguno para identificar explícitamente la presencia de guerras económicas. Por el contrario existe una especie de acuerdo para su negación absoluta por parte de diferentes elementos que constituyen la superestructura social sobre la existencia de guerra económica.

La relación entre ambos conceptos (guerra y economía) es inocultable, son como dos hermanitas inseparables. La guerra económica sin duda es una realidad; y tiene efectos a diario en las relaciones internacionales. Ejemplos: el ejercicio de poder financiero de Estados Unidos sobre resto del mundo a través de la utilización del dólar; el chantaje tecnológico comercial; el gas ruso y su influencia en Europa; o el petróleo venezolano como herramienta geopolítica de integración regional; el bloqueo comercial y financiero sobre economías consideradas hostiles. En fin, sobran los ejemplos de situaciones que relacionan la economía con la guerra en sus distintos niveles de intensidad.

Es un tema que no debe seguir siendo negado o trivializado por los líderes mundiales, la opinión pública; pero mucho menos por la ciencia y la academia. Ya que la guerra, a cualquier nivel de intensidad, tiene impacto directo en la economía. Y como consecuencia en la sociedad. Además, las causas económicas de fondo siempre son las que motivan las guerras.

Son incontables los autores, estrategas militares o estadistas que abordan la importancia del control de recursos naturales y geográficos. En ese sentido, Napoleón Bonaparte acuñó muchas frases célebres como “la política de todas las potencias está en su geografía”. Dejaba claro que los “grandes imperios” o “potencias” siempre desarrollan y consolidan su posicionamiento estratégico a partir de la geografía; lo cual no es otra cosa que la utilización y aprovechamiento de sus recursos.

La tecnología, los minerales, riquezas, la mano de obra, los mercados destino para la producción central y otros elementos de valor eran y son aprovechados en el marco de los territorios conquistados, para expandir influencia, fortalecer la economía (botín de guerra).

La historia de la humanidad desde sus orígenes es dividida por dos etapas: la lucha por la supervivencia como especie frente a los demás animales y la decisión de la humanidad entre sedentarios y nómadas. La supervivencia se basaba en la violencia y la imposición a otros para obtener recursos; en un principio individualmente, luego en grupo, y por último el enfrentamiento entre pueblos sedentarios y agrícolas y pueblos nómadas.

La primera versión de la guerra económica deriva de este nexo dialéctico entre la acumulación de riqueza del sedentario y la rápida incursión del nómada en territorio extranjero para llevar a cabo pillajes. Recursos y territorios. La cuestión de los recursos está en el centro de la problemática del desarrollo de las civilizaciones”. Michel. Histoire de la Russie et de son empire. Collección Histoire, p. 55. París: Rocher, 2008

Así transcurre la historia de la humanidad, en torno a las guerras y la economía. Desde el expansionismo egipcio, persa, otomano, griego o romano, hasta la guerra comercial actual entre EEUU y China; pasando por las 2 guerras del opio, la 1ª y 2ª guerras mundiales, las cruzadas cristianas, la colonización e independencia de América, guerras por el petróleo o la guerra fría. Siempre con motivaciones principalmente económicas.

La constitución de los imperios está relacionada con los procesos de colonización que recurrentemente construyen la historia de la humanidad; y con las guerras que nacen de dichos procesos y siempre han estado relacionadas con su dimensión económica.

La colonización ha sido la base del surgimiento de los imperios, que usan el control territorial para la extracción de riquezas, asegurar rutas comerciales, puertos y mercados, zonas fértiles y más recientemente aeropuertos y zonas industriales. Además, obviamente, del control y sometimiento de la población de la que se extrae conocimientos artesanales, científicos, tecnológicos; así como la mano de obra y mercados para la colocación de los excedentes de producción del país conquistador.

Si partimos desde un enfoque integral de la economía y la entendemos como una ciencia social, histórica, política, jurídica y geopolítica, estableceremos inequívocamente que la economía desde sus inicios se ha focalizado en las conquistas y el expansionismo territorial, en la explotación de territorio, en el sometimiento de pueblos para explotarlos, o extraer sus riquezas por varias vías.

En la actualidad, la definición de un mundo unipolar post guerra fría, que se deriva de la 2ª Guerra Mundial, marcó un hito en la forma de interactuar las grandes potencias en la historia contemporánea. La lógica de acumulación de capital, el desarrollo tecnológico, el chantaje del sistema financiero, la carrera armamentista, los enfrentamientos en foros internacionales o multilaterales, las guerras inducidas en países petroleros, todo determina las formas en las que gobiernos de los Estados que conformaban cada bloque o grupos de intereses debaten en duelos militares directos o indirectos sus intereses económicos.

Entender esta relación (guerra – economía), nos permite comprender las causas de la situación que estamos atravesando, cómo y por qué se conjuran fuerzas internas y externas para agredir al país y cumplir con los objetivos económicos ocultos, y a veces abiertos, tras propuestas políticas y supuestamente democráticas.

Los venezolanos debemos abocarnos a comprender los tiempos que estamos viviendo y los que están por venir en el corto plazo. La alta posibilidad de continuar enfrentando agresiones económicas y militares como consecuencia de las aspiraciones políticas y económicas de actores internos y externos.

Raúl E. Peñaloza B. | @raulen13 / OVRE

 

La columna Economía de lo cotidiano se publica todos los martes en Ciudad Caracas

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