ECONOMÍA DE LO COTIDIANO | Lo que va quedando

ECONOMÍA DE LO COTIDIANO | Lo que va quedando

Megasis, visión estratégica, victoria simbólica y alerta sobre la desigualdad.

Las relaciones entre Venezuela e Irán datan de muchos años antes de la llegada de Hugo Chávez al poder. Fue por allá en 1960, cuando se establecieron las bases para conformar la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en la que ambas naciones fungen como fundadoras, al tener ventajas comparativas en cuanto a producción de energía se refiere.

Sin embargo, es en el nuevo milenio que se le da visibilidad y comienzan a suscribirse convenios y acuerdos bilaterales de cooperación económica.

A pesar de la distancia, geográfica y cultural, a Venezuela e Irán les unen, primeramente, los ideales anti-imperialistas y el anhelo de un mundo multipolar; así como intereses conjuntos en materia energética, industrial y comercial.

Las primeras sanciones que recibió PDVSA por parte del gobierno de Estados Unidos fueron en 2012, y se vinculaban con el suministro de gasolina venezolana a Irán, cuando el país persa no tenía la capacidad de refinación suficiente para atender su demanda interna y enfrentaban sanciones comerciales, que aún EEUU mantiene, que le impedían adquirir combustible en el mercado internacional.

Desde antes, en el marco de un conjunto de acuerdos bilaterales, comenzó un importante proceso de intercambio comercial; que llevó a empresas iraníes a instalar en Venezuela fábricas de diferentes escalas. Entre ellas: una de tractores ubicada en el estado Bolívar, Veniran Tractor; otra de automóviles, “Venirauto Industrias C.A, en el estado Aragua; la fábrica de cemento bajo la firma iraní “Edhasse Sanat”; la de bicicletas, bautizada jocosamente como “atómicas” a partir de infundadas acusaciones de que la fábrica era una fachada para extraer uranio. Y así muchas otras iniciativas y proyectos.

Pero esa etapa de acercamiento y acuerdos para la inversión en el sector industrial con capital mixto y generar valor agregado, fue quedando atrás. Muchas de esas fábricas ya no están en producción; hoy se dedican sólo a mantenimiento o están cerradas.

Los proyectos entre Irán y Venezuela continúan, y tienen características muy variadas. Esto podría entenderse como una política con carácter estratégico; en el marco de las continuas sanciones económicas y medidas de bloqueo financiero y comercial impuestas por la arbitrariedad de Estados Unidos; por lo que, tanto Irán como Venezuela buscan profundizar la cooperación para sortear los embates de una guerra sin precedentes.

Recientemente fuimos testigos de la llegada de 5 tanqueros de combustible, esta vez con gasolina iraní a puerto venezolano. Estaban cargados de la anhelada gasolina para paliar la escasez en el mercado local; además de catalizadores, que se sumaban a técnicos y repuestos. Así, con tecnología iraní se ponen en marcha las refinerías venezolanas; para las cuales es imposible adquirir repuestos o contratar servicios en el mercado internacional, a causa también de las sanciones impuestas al país.

Ahora le tocó el turno al sector comercial. En medio del padecimiento sanitario y económico que atraviesan todos los países del mundo a causa de la pandemia del COVID 19, llega a Venezuela “Megasis”, un supermercado iraní que abrió al público en días recientes en la urbanización Terrazas del Avila ubicada en el este de Caracas, donde se dejaron ver largas colas en la inauguración.

Megasis
Megasis, supermercado iraní que abrió al público en días recientes en el este de Caracas

No existe manera de evitar colocar este acontecimiento en la lista de acciones que Venezuela debe agradecer a Irán. Se trata de una nueva inversión que realizan empresarios iraníes en el país; aunque esta vez, a diferencia de las anteriores experiencias, es una iniciativa privada y en el sector comercial. Además de representar una nueva e importante victoria en el plano simbólico ante la agresión de EEUU en contra de ambos países.

Sin embargo, debe llamarnos la atención un detalle, no menor, que deja visible este nuevo acontecimiento: la desigualdad.

Se produjeron largas colas que para ingresar al establecimiento y adquirir, según sus regentes, una variedad cercana a los 5.000 productos, entre venezolanos e iraníes. Muchos de estos productos son exóticos, ajenos a la oferta tradicional que puede verse en Venezuela, a precios que superan la capacidad de compra de la mayoría de los trabajadores; que seguimos en batalla por conquistar salarios justos.

Megasis
Megasis, supermercado iraní que abrió al público en días recientes en el este de Caracas

Pero si los salarios en Venezuela son tan bajos ¿Quiénes se agolparon a las puertas de Megasis? Algunos curiosos, cansados de la cuarentena y desesperados porque tienen meses sin pisar un centro comercial o una mega tienda; otros esperanzados en conseguir bajos precios, precios subsidiados, regulados o cualquier otra modalidad de precios, de los que sólo existen en el imaginario y en el recuerdo de los consumidores; y una minoría pudiente, que puede pagar los precios de esa tienda o de cualquier bodegón.

La desigualdad es un fenómeno creciente; la desigualdad cuya brecha se había visto reducida por la intervención del Estado y la repartición más justa de la renta, cede terreno rápidamente ante la caída del ingreso petrolero y la pérdida del poder adquisitivo del salario.

Debemos estar muy atentos a las inmensas diferencias sociales que se tejen detrás de los bajos salarios. La economía de bodegones, mega bodegones y súper tiendas pueden generar algunos circuitos económicos a partir de la actividad comercial y la rotación de inventarios de productos importados; pero no atendamos al espejismo, eso es LO QUE VA QUEDANDO. La vía de crecimiento que necesitamos, es la producción local.

Raúl Peñaloza -Ciudad Caracas / OVRE

La columna Economía de lo cotidiano se publica todos los martes en Ciudad Caracas

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