ECONOMÍA DE LO COTIDIANO | Pandemia, aflorando la desigualdad

ECONOMÍA DE LO COTIDIANO | Pandemia, aflorando la desigualdad

El año 2020 nos ha sorprendido. Pasará a la historia como el año en el que comenzó la pandemia por el covid 19. A pesar de lo mucho que se especuló y se pronosticó la llegada de un una pandemia producto de un agente viral, la verdad es que el planeta no estaba preparado para enfrentarla.

Súbitamente el covid-19 fue expandiéndose sin pedir permiso. Desde su paciente cero, diagnosticado en Wuhan, en diciembre del 2019, y hasta la actualidad, el virus ha contagiado a más de 21 millones de personas y cobrado la vida de casi 760 mil.

A pesar de las medidas de prevención, ensayos clínicos y protocolos de tratamiento, continúa en ascenso la curva de contagiados y de víctimas fatales. Se registra diariamente un promedio de 250 mil nuevos casos.

Los procesos productivos y comerciales llegaron a detenerse casi por completo. El planeta se paralizó por varias semanas, afectando la economía.

Y a pesar de los intentos por incentivar la reactivación en algunos sectores, el Banco Mundial (BM) proyecta que el PIB mundial se reduzca un 5,2% este año. De hecho, el BM indica en su último informe que de las regiones del mundo, solo Asia oriental y el Pacífico experimentarán crecimiento (0,5%). Esto debido al peso de China, que crecerá 1%; lo cual representa una fuerte desaceleración para un país con crecimiento sostenido durante más de 2 décadas.

Por su parte, el Fondo Monetario Internacional proyecta que la economía mundial descienda en 4,9% en 2020. Las economías de países desarrollados (Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Canadá) sufrirán una caída promedio de 8%. Mientras, las economías de mercados emergentes y en desarrollo se contraerían en promedio 3%.

Allí podemos observar una diferencia entre países avanzados y países en desarrollo, estos últimos con una caída inferior. ¿A qué se debe que los países en vías de desarrollo proyecten una menor caída que los países desarrollados?

Es complicado el equilibrio entre las medidas de orden sanitario y su impacto en la economía; mantener la cuarentena estricta, con cese de actividades académicas, productivas y comerciales, tiene límites y costos.

Los países desarrollados, con excepción de Estados Unidos, han logrado mantener por más tiempo estas medidas en resguardo de la población; con una fuerte intervención del Estado. A través de financiamiento de empresas, distribución de renta universal para el consumo, estatización de empresas y medidas expansionistas soportadas en la flexibilización cuantitativa; a la hora de minimizar sus pérdidas, se les olvida la mano invisible del mercado y extienden la mano al Estado.

En cambio, los países en vías de desarrollo lograron mantener los periodos de aislamiento por menos tiempo; sacrificando las políticas sanitarias en función de la economía. Es por eso que de los 10 países con más contagios, 9 son son economías emergentes (con excepción de Estados Unidos); suman 45% de los casos a escala mundial. Es decir, los países con economías más vulnerables deben mantener su actividad económica operativa en detrimento de la salud de la población.

Esto nos da un panorama de la desigualdad con la que el mundo enfrenta la pandemia; ajustándose en función de mantener el sistema capitalista de producción y consumo.

Los países en desarrollo son los que sufrirán el mayor deterioro. Y dentro de ellos, los grupos sociales que ya de por sí son vulnerables, como quienes dependen de la economía informal, las mujeres, personas con discapacidad, enfermos, minorías étnicas, refugiados y desplazados. Así como la población de países ocupados militarmente o que padecen bloqueos económicos, comerciales y financieros.

En el caso de América Latina y el Caribe la caída no será tímida. Según el último informe de la CEPAL, para 2020 se espera una caída de 23%; destacando Guyana y Venezuela como los casos extremos. Guyana experimentará un atípico crecimiento de 51%; producto de la explotación ilegal de petróleo en aguas venezolanas y de la inversión de Exxon Mobil en esos proyectos. Mientras se estima que Venezuela sufrirá una caída de 43%; debido a la paralización de la industria petrolera y al bloqueo económico y financiero que sufre el país.

El caso de Venezuela y la atención a la pandemia por covid 19 tiene particularidades en comparación con otros países del área. Con un sistema público de salud limitado, ingresos petroleros tocando los niveles más bajos en un siglo, recursos financieros bloqueados, y aún así mantiene los niveles de contagio más bajos de la región, y son atendidas miles de personas con tratamiento totalmente gratuito.

Así como a escala global existe desigualdad en la política e impacto entre los países; a lo interno de cada Estado también hay desigualdades para enfrentar la crisis sanitaria y económica producto del coronavirus. No toda la población está en capacidad de resguardarse durante meses. Esa desigualdad no se limita a las posibilidades de los grupos sociales para mantener el consumo sin salir a trabajar; sino también a la forma de acceder a bienes y productos de consumo.

En algunas zonas de clase media proliferaron los servicios de entrega a domicilio; los locales comerciales para venta de alimentos dotan de implementos de bioseguridad a sus trabajadores, aplican gel antibacterial y miden la temperatura antes de ingresar al local; el uso de las mascarillas es obligatorio y colocan señalética que recuerda el distanciamiento físico entre usuarios.

Mientras que en las zonas populares, en muchos casos, la adquisición de alimentos se realiza día a día, en comercios informales y sin medidas de bioseguridad. No sorprende que las parroquias con más concentración de casos positivos sean lugares con bulevares dispuestos para la economía informal (Catia, Cementerio, Coche y Petare).

En fin, ya sea que hablemos del planeta, un continente, un país, una región o una ciudad; los efectos del covid 19 continuarán afectando a la población más vulnerable por muchos años, aún pasada la pandemia.

Según estimaciones realizadas por el PNUD, el desarrollo humano sufrirá un descenso en el mundo, los niveles de vida de la población, analizados desde el punto de vista de educación, salud y acceso a servicios. Sería la primera vez que ese indicador sufre un retroceso general, en todas las regiones, en todos los países, desde su creación hace 30 años.

Las estimaciones del crecimiento de la pobreza tampoco son alentadoras. Según el BM, unos 66 millones de personas pasarán a la pobreza extrema y el ingreso per cápita mundial disminuirá un 4%. Tomando en cuenta lo poco equitativo que es por lo general este tipo de indicadores agregados, es muy probable que sean los más vulnerables los que terminen asumiendo el peso de esta reducción del ingreso.

Por otra parte, la estimación de la OIT es que 50% de la población económicamente activa perderá su empleo en los próximos meses. Aumentarán las tasas de desempleo en el mundo.

La pandemia por covid 19 ha puesto en evidencia las profundas desigualdades que se tejen bajo el velo mediático del sistema capitalista; y lo destructivo e injusto del estilo de vida que se enmarca en la relación producción, consumo y explotación. La conservación de la vida como la conocemos se pone a prueba y nos invita a la reflexión.

Es por ello que debemos construir una respuesta sistémica integral, que atienda aspectos sanitarios y de salud, económicos, sociales, políticos y ambientales; en función de lograr propuestas armónicas, respetuosas de la vida, por un futuro sostenible para todos.

La economía atraviesa una especie de «reseteo». La crisis representa serios retrocesos para muchos países, por lo que modelos de desarrollo planteados en el pasado vuelven a tener vigencia. Pensar, por ejemplo, en la búsqueda de la sustitución de importaciones; desarrollar aguas abajo eslabón por eslabón la industria, a partir de la explotación primaria de recursos para generar mayor valor agregado; fortalecer el mercado interno o procurar la soberanía agroalimentaria.

Dentro del panorama descrito, sin duda, esta crisis también representa una oportunidad. De corregir el sistema de explotación actual, cambiar el sistema capitalista consumista y buscar el desarrollo acelerado de las fuerzas productivas de la región, de la mano de los trabajadores.

Raúl Peñaloza -Ciudad Caracas / OVRE

La columna Economía de lo cotidiano se publica todos los martes en Ciudad Caracas

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