ECONOMÍA DE LO COTIDIANO | ¿Y del salario nada?

ECONOMÍA DE LO COTIDIANO | ¿Y del salario nada?

Pasan y pasan los días, las semanas, los meses, los años y continúa la ausencia de un acuerdo sólido, serio, técnico para determinar el salario de un trabajador en Venezuela.

Ausencia en la economía venezolana que hasta la actual disminución de la renta no era visible, ya que a pesar del pulseo natural entre patrono y trabajadores por mejores salarios, la verdad es que la renta petrolera permeaba aguas abajo disimulando la necesidad de establecer acuerdos reales, sanos y duraderos.

Con la caída actual del ingreso petrolero disminuyó severamente el margen de maniobra del Estado para distribuir recursos entre los actores económicos; y minimizar el conflicto entre explotación y ganancia que permanentemente enfrenta a patrono y trabajadores.

Y es que durante el último siglo, el sector privado (industrial, comercial y financiero) logró extraer, acumular y hasta fugar gran parte de la renta. Mientras que el Estado distribuía aguas abajo la tajada de renta a la población; en subsidios, transferencias, servicios públicos, gasolina, salud, seguridad, educación y programa sociales.

Al salario base que devenga un trabajador se le suman un bono de alimentación, que algunas veces ha llegado a igualar y hasta superar el salario, más otros beneficios contractuales que se convierten en el salario integral del trabajador. Pasado este punto se va tejiendo un concepto algo abstracto y difuso: el “ingreso real”; que supone sumarle al salario integral una especie de distribución per cápita de todas esas transferencias, subsidios y descuentos que recibe la población.

Entonces, nunca falta un amigo informadísimo que te dice, “pero si a tu sueldo le sumas lo que no pagas de escuela y universidad o cuando vas a un hospital que también es gratis, es mucho más”; y ciertamente es así, no hay duda alguna. Pero en concreto hay muchas otras necesidades para las que se requiere recibir ingresos suficientes. Allí es cuando comienzas a escuchar enumerada la lista de subsidios. “Pero es que tenemos la gasolina más barata del mundo; y el agua es gratis, y la electricidad es casi regalada. Y todo ese ingreso indirecto conforma tu ingreso real”.

Muy bien, poniendo a un lado la desinversión y el deterioro de la calidad de los servicios públicos, es un hecho que las tarifas han venido recibiendo comprensibles y necesarios ajustes. Electricidad, telefonía, internet y gasolina han ajustado sus precios. Entiendo que la medida se enmarca en un plan de ir sincerando las tarifas; es una acción acertada desde todo punto de vista. Pero debemos entender que esos aumentos, por justos que sean, deben tener una respuesta de equilibrio en los salarios.

Según el último informe del BCV, el sector de comunicaciones lideró la inflación de julio con un incremento de 91,9%; y en los Servicios de Educación se evidenció un incremento de 43%. Si a eso le sumamos la decisión de permitir a los colegios privados cobrar las matriculas en dólares a tasa BCV, se enfatiza la urgencia de determinar un mecanismo para ajustar los salarios; de lo contrario, seguirán deteriorándose.

Hablo de un mecanismo y no de un ajuste y ya. Porque de nada han servido los innumerables ajustes de salario mínimo unilaterales. Es clara la política de restricción de liquidez para atenuar la aceleración de los precios; pero el deterioro del poder adquisitivo del salario ya se encuentra a niveles alarmantes. El salario debe ser atendido.

A esta situación se le suma la hiperinflación, que ya supera los 2 años. Sólo en lo que va de 2020 (mes de julio) el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) acumula un incremento anualizado de 2.358,49%. ¡Y del salario nada!

Ahora bien, el diseño de un mecanismo para el establecimiento de los salarios es urgente. Acumular rezagos en los ajustes salariales, somete al trabajador y lo pone en desventaja frente al patrono, quien ajusta los precios de sus productos y servicios constantemente.

La ausencia de debate al respecto y de medidas necesarias, da pie no solo al descontento del trabajador, sino también al oportunismo político; convirtiendo el tema salarial en una excusa para el proselitismo y la demagogia. Tal es el caso del diputado Juan Guaidó, quien asegura que utilizará recursos retenidos ilegalmente al Estado venezolano para pagar 800 Dólares mensuales a sus amigos diputados y 100 dólares a algunos trabajadores de la salud.

El salario “justo” no existe ni se decreta. Debe estar determinado por los niveles de productividad de la economía; y ser contrastado con el excedente de explotación y la tasa de ganancia. Por eso insisto en generar un mecanismo urgente para determinar los salarios y demás variables económicas en el marco de una política económica integral y no solamente un nuevo incremento.

El debate debe darse, el mecanismo debe diseñarse y las medidas deben tomarse. Espero que sea manejado de forma inmediata; antes de que el ambiente electoral dificulte las decisiones.

Muchos de los datos necesarios para diseñar una política salarial coherente y sostenible no están disponibles o son distorsionados. Esto dificulta más cualquier base técnica para diagnosticar con exactitud la realidad económica actual y, en consecuencia, plantear una propuesta sólida. Sobre la opacidad en nuestra economía escribiré la próxima semana.

 

Raúl E. Peñaloza B. | @raulen13 – Ciudad Caracas / OVRE

La columna Economía de lo cotidiano se publica todos los martes en Ciudad Caracas

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