El impacto del sistema distributivo en la desigualdad de América Latina

El impacto del sistema distributivo en la desigualdad de América Latina

Juan Pablo Jiménez es licenciado en Economía (UBA) y hoy se desempeña como oficial de Asuntos Económicos de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) en la oficina de Santiago de Chile, además de ser docente en la Universidad de Columbia en Estados Unidos. Pasó por Santa Fe para dictar clases en uno de los doctorados de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNL que dirige Miguel Ángel Asensio. Tiene numerosos trabajos publicados sobre desarrollo económico, política fiscal, tributación, políticas sociales, federalismo fiscal y descentralización.

—América Latina tuvo una larga década de crecimiento económico, ¿tuvo desarrollo?

—El desarrollo es un concepto multidimensional; efectivamente, la región creció en forma importante, mejoró muchos indicadores que habían sido tradicionalmente muy esquivos, por ejemplo la política fiscal. Históricamente, los dos grandes problemas de la región han sido en términos macro: alta volatibilidad con un crecimiento que no logra consolidarse, y la alta desigualdad que se ve en términos de disparidad del ingreso en términos personales y en términos territoriales. Cuando se compara el ingreso per cápita de la región más rica de un país con el ingreso en la región más pobre en América Latina da 8 veces. Los ejemplos son San Pablo con Marañao en Brasil o de México DF con Chiapas mientras que en España o Italia, las más dispares en términos de los países de Ocde da 1,5. La desigualdad tiene no sólo la cara de la distribución personal del ingreso sino también la territorial. Ante esos dos desafíos, la política se comportó en forma distinta a lo que se comportó habitualmente.

—En todo esto, influyó mucho el precio alto de los comodities.

—Si esto es así. En la cátedra, presenté un gráfico donde hago la relación entre el precio de los productos que la región exporta y los ingresos fiscales y las curvas van casi calcadas. El precio de los comodities jugó muy a favor, especialmente en América del Sur; en cambio América Central es importadora de bienes energéticos y minerales con lo cual se le cayeron los términos del intercambio. En los últimos dos o tres años, América del Sur tiene problemas importantes: la caída de precios y la suba de la tasa de interés a nivel internacional que empieza a notarse, estas dos grandes ventajas de la década se revierten.

—Políticamente, ¿se aprovechó o no esta etapa de bonanza de precios para hacer una economía más equitativa?

—Cepal tiene un análisis regional. La región aprovechó y mejoraron indicadores macro importantes. Hoy, la región está más desendeudada y eso es una diferencia notable con otras épocas. La otra diferencia es que las deudas son en moneda doméstica, cuando antes eran en dólares y hacía mucho más vulnerables las cuentas públicas. Región más desendeudada, mejoras en sus reservas y ha crecido mucho la recaudación tributaria. La recaudación fiscal es en general mucho mejor que al principio del siglo (del 90 para acá, la recaudación en promedio aumentó 15 puntos). Esto es heterogéneo: Argentina y Brasil creció 35% o México y Guatemala alrededor del 10%.

—¿Aumentó la recaudación en forma igualitaria o por derechos de exportación?

—Un tema pendiente en la región es mejorar el impacto distributivo del sistema tributario. Si la política fiscal jugó a favor de la mejora en la distribución del ingreso fue fundamentalmente a través del gasto y no de los ingresos tributarios. En la región, se ven sistemas tributarios regresivos. Calculando coeficientes de Gini antes del cobro de impuestos y pos cobro de impuestos se tiene en algunos casos un empeoramiento en la distribución del ingreso. Es una deuda pendiente. No obstante, en los últimos años ha habido mejoras, estuvo la reforma fiscal de Uruguay del 2007 que hasta entonces no tenía impuesto a las rentas personales. El impuesto a las rentas personales es el músculo redistributivo del sistema tributario y esa es la gran debilidad que tiene la región. Cuando se comparan los números fiscales de la Ocde con América Latina la gran brecha es el impuesto a la renta personal. El IVA en la región recauda en forma proporcional a la Ocde. En el impuesto a los ingresos sobre sociedades, sobre empresas, recauda bastante a nivel de países desarrollados, pero la gran debilidad de la región es el impuesto a las rentas personales que es el impuesto más redistributivo que se tiene.

—¿La salida de capitales es un problema de Argentina o de la región?

—En tema evasión, hemos hecho trabajos para comparar el IVA con el impuesto a las rentas y éste más que duplica la evasión en el IVA. La evasión de IVA en América Latina si bien ha bajado es muy alta a nivel internacional, 20 y 40%, y la evasión en impuesto a las rentas del 60%. Ésta es la principal fuente de desigualdad porque genera problemas de equidad horizontal -no todos los que están en la misma posición pagan lo mismo- y vertical -paga menos el que más tiene-. La evasión es un problema en la región, hay que diferenciar entre países. No estoy siguiendo el caso Argentina pero se ve que la escapada del peso al dólar es único en la región.

—En esta década larga de crecimiento, se ve menos al Fondo Monetario Internacional en la región.

—La historia de la región con el FMI es compleja y larga. Con Fernando Lorenzo (ministro de Economía de Uruguay hasta hace unos meses) mirábamos la evolución de los montos de préstamo del FMI a nivel mundial y la región. Hasta casi el 2000, los préstamos a América Latina fueron más del 50% de la capacidad de préstamo del Fondo. Luego, la región -quizás no en forma coordinada- aprovechó la mejora de sus indicadores para desendeudarse del fondo. Uruguay, Brasil y la Argentina lo hicieron el mismo año. En la medida que tuviste mejora fiscal, menor necesidad de financiamiento, el FMI tuvo un rol secundario. En el medio, la crisis de Europa hizo que el Fondo volviera a ese continente. Ésta es otra señal de madurez de la región.

—El otro tema es la falta de un banco regional, se lo intentó a través de Unasur. ¿Es ficción, realidad?

—Hay bancos regionales, el BID, la CAF. La región se aseguró aumento de reservas, en todos los países en forma exponencial, como forma de tomar seguros ante riesgos, pero es muy caro, sería muchísimo más barato y eficiente tener un banco regional o un fondo latinoamericano de reservas, cuando se discutía la posibilidad de un banco uno de los motivos era ése y la verdad haría más eficiente. Pero hay problemas de coordinación, de quien lo capitaliza, etc.

Estudio en marcha

  • Jiménez ahora está trabajando un estudio sobre desigualdad y sistema tributario. Para tal fin, la Cepal ha firmado una serie de convenios con administraciones tributarias de países de la región que le permitirán el acceso a los registros. “El tema desigualdad es leit motiv de la Cepal, es una obsesión”, resalta. Reconoce que “la desigualdad se puso de moda en el mundo en el 2008, pero en América Latina debido a los altos niveles de desigualdad que tenemos y a la alta concentración de ingresos -pocos pero muy ricos- la Cepal viene trabajando desde hace años el tema desigualdad”.

El economista subraya que “por muchos años, en la región se habló de desigualdad y pobreza y en nuestra región deberíamos hablar de desigualdad y riqueza. Si hay algo que caracteriza a la desigualdad en la región no es que haya muchos pobres, sino que haya pocos ricos y muy ricos y en esta discusión histórica sobre cómo debe atenderse la desigualdad con la política fiscal, se dijo no importa lo que recaudes, lo que importa es el gasto público. Nosotros creemos que la alta desigualdad, la alta concentración, requieren que fortalezcamos los impuestos sobre la capacidad de pago, impuestos al patrimonio. La herramienta tributaria se está subutilizando para mejorar la distribución del ingreso”.

Fuente: www.ellitoral.com

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