EL PODER  &  EL PODER DE COMPRAS por Econ. Ingerzon Freites

EL PODER & EL PODER DE COMPRAS por Econ. Ingerzon Freites

Hablar de poder, es hablar de la capacidad o potestad para concretar una acción o cumplir un objetivo planteado. El poder también es ejercido desde posiciones creadas para su aplicación. De por sí, en la mayoría de los casos el ejercicio del poder es un privilegio de pocos sobre muchos.

Según el DRAE, el poder es la capacidad de ser más fuerte que alguien, ser capaz de vencerle, tener expedita la facultad o potencia de hacer algo, ser contingente o posible que suceda algo.

Pero hablando de poder, también podemos hablar del poder de compras o poder adquisitivo. En términos netamente técnicos el poder de compras es la capacidad que tiene los agentes económicos de adquirir bienes y servicios en el mercado interno o externo de un país.

En el caso de Venezuela, entramos a analizar que ha pasado en los últimos quinquenios. Pues resulta que entre los años (2014-2015) el poder de compras del venezolano ha venido cayendo aceleradamente, producto de la guerra económica, la disminución intempestiva de los precios del petróleo y, porque no decirlo, también la mala aplicación de las políticas económicas formuladas desde las instituciones del Estado. Sin embargo, no será en este artículo donde analizaremos las causas que hicieron que los venezolanos, hoy pueda comprar menos que hace tres años atrás.

La idea es concentrarnos en la importancia del poder adquisitivo, del cómo reacciona la sociedad ante las fluctuaciones de los ingresos percibidos y de los gastos incurridos, que posiciones toman los agentes económicos (la sociedad) cuando ven perforado la capacidad de compra de los bienes necesarios y de los bienes deseables.

A lo largo de los últimos años, y sobre todo entre el año 2003-2012, la sociedad venezolana experimento un profundo aumento de su poder de compras. Según cifras del Banco Mundial el PIB per cápita del país en el año 1999 registro un promedio 4.092 dólares por cada Venezolano, mientras que en el 2012 ese mismo indicador cerro en 12.729 dólares por persona, es decir se triplico la cifra en comparación al año 99. Este indicador no puede analizarse de manera aislada, pero si permite utilizarlo como elemento de estudio sobre los ingresos percibidos por el país en el periodo mencionado.

En esos mismos años, y tomando como referencia el PIB general, los ingresos de Venezuela aumentaron de manera significativa, lo que permitió una mejor redistribución del ingreso en la población, el cual también puede ser corroborado mediante el coeficiente de Gini, cuyo indicador mide los niveles de desigualdad del país, donde Venezuela obtuvo mejoras importantes.

En términos cotidianos, lo escrito en el párrafo anterior, describe el poder que obtuvieron los Venezolanos de adquirir bienes y servicios de todas las gamas ofertadas en el territorio nacional, desde automóviles, inmuebles, computadoras, teléfonos inteligentes, internet, el servicio televisión por cable, electrodomésticos, consolas de videos, juguetes, muebles y enseres del hogar, acceso a créditos y tarjetas de créditos, aumento de los viajes al exterior, fue una muestra de la expansión del consumo que experimento la población entre el 2003-2012, es más podríamos decir que aún en los años 2013 y primer semestre del 2014 todavía se mantenían los efectos de esa expansión.

A pesar que en Venezuela se vive desde el año 1999 un proceso político inédito que busca principalmente el cambio estructural y cultural en las personas, no se ha podido influir en la sociedad de consumo instaurada desde la aparición del petróleo, por lo tanto la restricciones que incidan en la variable que estamos analizando, traerá como consecuencia un malestar generalizado que afectaría las posiciones de poder en el ajedrez político, es decir una población que culturalmente no este consiente del daño que hace la sociedad de consumo, y a su vez, vea que el bienestar esta en adquirir bienes materiales sistemáticamente, tendera a señalar a los gobernantes como culpables principales de la destrucción de su poder de adquisitivo.

En las sociedades de consumo, no importa que tanto pudieras comprar en el pasado o que tanto las políticas de gobierno te ayudaron para mejorar tu nivel de vida. Para ellos siempre será importante mantener su estatus quo, en otras palabras, su relación con el gobierno de turno dependerá del grado de bienestar que esté pueda estar brindando a la hora de un acto electoral (que tanto puedo comprar). En estas sociedades la educación, la salud, el acceso a los servicios básicos y otros indicadores de desarrollo humano, suelen ser de menor valor, que los bienes materiales descritos anteriormente. Para ellos el afán de comprar es infinito, y valorarán la gestión según su poder de compra.

Si en la democracia el poder se ejerce mediante la elección popular, y los electores no se sienten a gusto con la gestión gubernamental, ya que sus capacidades de tener bienes materiales se redujeron, podrán en práctica el poder del voto, que en realidad, el mismo se verá influenciado por la disminución del poder de compras, dicho de otra manera; en la sociedades de consumo, bajo la lógica absurda del anhelo material, los agentes económicos creerán estar afectados, y simplemente castigarán la gestión votando por la otra opción o no votando.

Lo que quiero demostrar en este artículo, es que cuando una sociedad basa su bienestar en el consumo de bienes materiales no esenciales, los gobiernos corren el peligro de ver su gestión opacada al no poder mantener estándares artificiales de calidad de vida demandada, y se llega al dilema o paradoja de impulsar un gasto público improductivo para complacer estos consumos y no para fomentar una sociedad fecunda, fértil o provechosa.

Una sociedad pos capitalista, debe migrar a un modelo sustentable y sostenible, que permita la regeneración de los recursos naturales, que este en sintonía con el medio ambiente y que consuma lo estrictamente necesario para vivir en armonía con el planeta.

Econ. Ingerzon Freites

@indafrero

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