Impacto Real del Aumento de Sueldos y Salarios

Impacto Real del Aumento de Sueldos y Salarios

Economista Rosauro León


En un principio suena lógico pensar que un aumento de sueldos y salarios impacte directamente la estructura de costos de los empresarios reduciendo sus ganancias e incluso provocando el cierre de algunos para no trabajar a pérdidas, pero esto no es del todo cierto, o no siempre sucede así. Como todos los fenómenos económicos, el impacto de una variable económica sobre la Economía depende de la interrelación de múltiples variables y el peso específico de cada una de ellas en el fenómeno global estudiado.

En nuestro caso podemos decir que la Producción sería el fenómeno económico estudiado, la estructura de costos sería una variable endógena que se interrelaciona con otras variables endógenas como la productividad, las fuentes de financiamiento, la tecnología disponible, el modelo de gestión, etc; a su vez estas variables están interrelacionadas con otras variables exógenas como el contexto político, los cambios de paradigmas en los gustos de los consumidores, disminuciones forzadas en la renta de los consumidores, eventos de conmoción social, etc. Simultáneamente la estructura de costos también tiene sus propias variables internas o componentes que se interrelacionan entre sí y cada una tiene su propio peso específico en el total de la estructura de costos.

Es allí donde entran los sueldos y salarios como parte de la estructura de costos de una empresa conjuntamente con las maquinarias y equipos o capital fijo, las materias primas, los alquileres, gastos administrativos, publicidad, etc.

Aunque cada empresa tiene su propia estructura de costos distinta a las demás dependiendo del sector económico donde se ubique, del modelo de negocios asumido y la eficiencia alcanzada, se pueden tomar como referencia algunos estándares recomendados por especialistas en la materia, sobre la proporción que deben representar los sueldos y salarios en la estructura de costos de una empresa para que esta pueda considerarse rentable y así tenemos que van desde 15 al 30% dependiendo del tipo de industria.

De este forma, algunos analistas han ubicado el peso específico de los sueldos y salarios de la mayoría de las empresas del país antes del aumento anunciado por el Gobierno en no más del 1%, lo cual no es descabellado creerlo ya que el salario mínimo integral era de Bs. 5.500.000 mensuales, que representaba el equivalente a un dólar y su poder adquisitivo apenas daba para adquirir medio kilo de queso duro. Esto significa que si con el anterior salario mínimo el trabajo representaba el 1% de la estructura de costos de una empresa, con el nuevo salario mínimo de Bs. 180.000.000 o BsS. 1.800, representa el 32% de la misma y estaría en los parámetros recomendables para que la empresa se considere rentable sumando los otros costos. Obviamente la relación no es lineal y el impacto en la realidad no es directamente proporcional, sino que va a depender del número de trabajadores de la empresa, las diferencias de sueldos entre los distintos trabajadores y la productividad de los mismos, sin dejar de tomar en cuenta los rendimientos marginales de los costos, ya que sabemos que mientras se contratan más trabajadores o se adiciona otro factor productivo , al principio aumenta la producción y la rentabilidad, hasta que se llega al punto óptimo donde se cruzan los ingresos marginales y los costos marginales, donde contratar un trabajador más puede hacer disminuir la producción.

En cualquier caso resulta inadmisible que el empresariado nacional pretenda que esta situación se perpetúe y que los trabajadores venezolanos jamás recuperen su capacidad de compra. Más aun cuando el promedio de salarios mínimos en América Latina es de $300 y el más bajo después de Venezuela es el de Haití con $120. En este sentido aumentar el salario mínimo a el equivalente de $30 todavía deja muy por debajo la remuneración al trabajo venezolano respecto al promedio latinoamericano y ni siquiera se recupera el nivel que presentaba Venezuela en el 2012 que también era de $300.

Esta realidad obliga a que la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores pase a ser una de las prioridades en materia económica y lejos de perjudicar a los empresarios estos son los más beneficiados ya que así podrán vender sus productos, lo cual ahora les resulta sumamente difícil dada la contracción del consumo y la producción, que atraviesa el país. Así pues, si aumenta la capacidad de consumo de los trabajadores venezolanos se presenta una oportunidad de oro a los empresarios para aumentar su producción y aumentar sus ganancias, recordando que las ganancias son más estables cuando se originan por el volumen de ventas que por los aumentos desproporcionados de precios. Esto es así porque las ganancias derivadas de los aumentos de precios tienen un límite y este es la capacidad de compra de la población, siendo esta la verdadera causa del cierre de muchas empresas que no tenían a quien venderle su producción.

Por supuesto que el aumento de sueldos y salarios por sí solo no garantiza el aumento de la producción; también es cierto que los países que han sufrido procesos hiperinflacionarios en un principio aumentaron los sueldos y esto solo agravó el problema, no obstante hemos insistido en otros escritos que para abatir la hiperinflación se requiere de un programa económico integral donde la disciplina fiscal juegue un rol fundamental. Al respecto hemos visto que el Gobierno al anunciar el aumento del salario mínimo también anunció un conjunto de medidas que apuntan hacia esa disciplina fiscal tan necesaria en esta coyuntura económica, conscientes de que fue la disciplina en el gasto público lo que le permitió salir de la hiperinflación a todos los países que la han sufrido. Sin embargo muchas de estas naciones aunque lograron frenar la inflación, ello no se tradujo inmediatamente en un aumento del consumo, ya que se asumió la disciplina fiscal en el contexto de un programa neoliberal donde nunca estuvo planteado la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores; y no fue sino cuando llegaron gobiernos socialistas que se recuperó la capacidad de consumo de la mayoría de la población, como fue el caso de Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador que sufrieron hiperinflación en la década de los ochenta pero fue después del 2002 que los trabajadores disfrutaron de un aumento en su poder adquisitivo.

La hiperinflación en Venezuela obedece a múltiples factores, donde destacan dos de ellos con un peso específico considerable: la emisión de dinero inorgánico y la guerra económica. Sobre este último aspecto sabemos que la guerra económica se expresa de distintas maneras según las circunstancias y en nuestro caso van desde las sanciones internacionales, pasando por la manipulación del mercado paralelo de divisas, el ataque a la moneda en efectivo y la especulación inducida (este término se refiere a un tipo de especulación que no se justifica con el principio de racionalidad económica donde muchos empresarios aumentan los precios más allá de las ganancias normales acorde a sus estructuras de costos, porque tienen incertidumbre sobre los nuevos costos al reponer inventarios, la especulación inducida obedece a razones políticas, no económicas). Empero hemos explicado en otras ocasiones como el mejor escudo contra la guerra económica es una buena y coherente política económica, o dicho de otra forma los problemas económicos se resuelven con medidas económicas no con medidas políticas. Las guerras económicas imperiales son derrotables como lo han demostrado China, Rusia e Irán entre otros, que más bien han fortalecido sus economías a pesar de las sanciones económicas que les imponen EEUU y Europa, pero para ello hay que conocer el funcionamiento de la Economía Global y las leyes del mercado.

Sobre la emisión de dinero inorgánico el Presidente de la República no solo reconoció el daño que ha ocasionado esta práctica en la economía venezolana, sino que se comprometió a dejar de hacerlo por siempre. Aunque esto pudiera parecer contradictorio si a la vez se está anunciando aumentos de sueldos, bonos y mayor seguridad social, podemos hacer algunas acotaciones para entender bien el asunto.

Lo primero que tenemos que aclarar es que en el caso venezolano las mayores proporciones de emisión de dinero inorgánico no han sido para financiar los aumentos salariales, ni los bonos, ni el gasto social, sino que el principal destino de este tipo de dinero sin respaldo productivo ha sido para paliar las pérdidas cambiarias de PDVSA y el subsidio a la gasolina. Sabemos que por mucho tiempo la estatal petrolera estuvo vendiendo las divisas generadas por su producción, por cantidades irrisorias de bolívares en el sistema oficial controlado de divisas, cuando en el mercado paralelo estas se cotizaban en tasas de cambio superiores en hasta 2.000.000%, por supuesto al tener que pagarle a sus proveedores nacionales y a sus trabajadores a precios referenciados al dólar paralelo, las pérdidas cambiarias eran inmensamente cuantiosas y el Banco Central estuvo obligado a emitir bolívares inorgánicos para prestarle a PDVSA. Aunado a esto también se ha emitido dinero inorgánico para financiar otras empresas del Estado que presentan cifras rojas como por ejemplo las de la C.V.G.

Por otro lado, el subsidio a la gasolina ha significado un verdadero desangre para la economía venezolana, aunque no contamos con cifras oficiales algunos voceros del Gobierno y analistas económicos han señalado que nada más por concepto de contrabando de extracción de gasolina hacia Colombia, el país pierde entre 10 mil y 28 mil millones de dólares anuales, sin sumar lo que también se fuga hacia Brasil, Guyana y las Antillas del Caribe. Si tomamos la cifra más conservadora de $10.000.000.000 esto representa una cifra mayor a nuestras reservas internacionales que oscilan por los 8 mil quinientos millones de dólares. A esto debemos sumarle lo que deja de percibir el Tesoro por concepto del subsidio a la gasolina lo cual se ha estimado en 12 mil seiscientos millones de dólares, teniendo entonces que el Gobierno percibiría cerca de 20.600.000.000$ sólo corrigiendo el problema de gasolina.

Estaríamos hablando de que si se toman estos correctivos sobre el exagerado subsidio a la gasolina y la exageradísima sobrevaluación de los bolívares que se intercambiaban por los dólares de PDVSA, Venezuela tiene como cubrir su ingente déficit fiscal que supera el 15% del PIB, sin tener que recurrir al FMI. El solo hecho de que los dólares de PDVSA dejaran de venderse a Bs. 300.000 como sucedía antes del 20 de agosto y se estén vendiendo en el DICON a Bs. 6.000.000 (ahora Bs.S 60), implica que están entrando al fisco una gran cantidad de bolívares adicionales que en ningún momento pueden considerarse inorgánicos porque están respaldados con la producción petrolera. Igualmente los ingresos adicionales que entren al fisco nacional por la venta de gasolina a los nuevos precios tienen un respaldo productivo.

No se trata de que no exista subsidio a la gasolina  porque eso es un beneficio justo por vivir en el país con las mayores reservas petroleras del mundo, pero el subsidio no puede ser tan atractivo que estimule a las mafias contrabandistas, ni tampoco puede ser para todos los estratos sociales en la misma proporción; por ejemplo, no debe costar igual la gasolina para el propietario de un vehículo lujoso del año, que para el que posee un modesto carro viejo, además solamente el 8% del parque automotor corresponde al transporte público que transporta al 80% de la población, mientras que solo el 10% posee vehículos particulares. Asimismo, es pertinente cobrar un impuesto al consumo de gasolina como en casi todos los países del mundo, ello permitiría cubrir un subsidio directo a algunos sectores como el de los transportistas. También se podría establecer que el impuesto sea mayor para los vehículos que pasen las fronteras.

Este impuesto a la gasolina sumado a los otros que ya fueron anunciados por el Gobierno Nacional como una reforma tributaria, también contribuyen a reducir el déficit fiscal. Lo cierto es que si el Gobierno logra obtener mayores recursos sin tener que recurrir a la emisión de dinero inorgánico  y se propone tener disciplina fiscal, los aumentos de sueldos y salarios no tienen por qué traducirse en más inflación y por el contrario al mejorar la capacidad de compra de los trabajadores se estimula la producción porque estos se convierten en demanda real, que requiere mayor oferta de bienes y servicios.

Por último, para evitar que la mayor demanda se convierta en aumentos de precios por la falta de voluntad de los empresarios para aumentar la oferta, sería conveniente establecer un mecanismo de indexación salarial. Aunque esto haya resultado contraproducente en economías hiperinflacionarias en el pasado, solo fue así mientras no se tomaban las medidas de disciplinar el gasto público y detener los incrementos en la tasa de cambio, pero una vez superada esa fase, la indexación salarial resulta muy efectiva para evitar la especulación si se combina con otras medidas para estimular la producción como las excepciones tributarias y políticas crediticias entre otras.

La indexación salarial consiste en ajustar los sueldos mensualmente de acuerdo al índice de precios al consumidor registrado por el B.C.V., esto permite que los empresarios eviten aumentar los precios injustificadamente porque las mayores ganancias obtenidas se convertirían en mayores costos al tener que ajustar los sueldos automáticamente en un porcentaje igual al índice de inflación. A medida que se vayan estabilizando los precios y recuperado el poder adquisitivo de los trabajadores los aumentos salariales pasarían a ser trimestrales, semestrales hasta llegar a anuales.

Considero más efectiva la indexación salarial como mecanismo que evite la especulación y por ende la merma en el poder adquisitivo de los salarios que el anclaje de estos al petro. En principio porque el petro depende de un commoditie internacional muy volátil como es el precio del barril del petróleo, pero además el petro solo podría influir en una de las variables que inciden en la inflación que sería la tasa de cambio, pero para ello tendría que eliminarse totalmente el control de cambios y permitir la libre convertibilidad entre petros y bolívares y entre petros y dólares. En cambio la indexación salarial no depende de factores externos y puede poner coto no solo a la especulación por motivos económicos sino a la especulación con motivos políticos.

En definitiva, saludamos todas las iniciativas dirigidas a recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores venezolanos, sin dejar de alertar que para que esto sea posible y los aumentos salariales no sean perniciosos primero hay que corregir las razones económicas que inciden en la inflación, que principalmente son: la emisión de dinero inorgánico, la inestabilidad cambiaria y la baja productividad.

OVRE

Septiembre 2018

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