PLAN DE SIEMBRA MASIVA Y BONO PRODUCTIVO

PLAN DE SIEMBRA MASIVA Y BONO PRODUCTIVO

Econ. Rosauro León


Entre los principales factores que determinan la profunda y estructural crisis económica venezolana está la cultura rentista facilista como expresión del modelo económico rentista petrolero. Este agotado modelo no solo penetró la estructura económica del país sino que moldeo la estructura mental de la población generando una cultura particular caracterizada por el facilismo, el consumismo y la improductividad.

 La actitud ante el trabajo ha estado permeada por la maldición rentista, que ante tanta abundancia lo importante nunca ha sido producir, sino captar esa ingente renta petrolera que el 99% de la población no participa en su generación, pero que todos deseamos disfrutar. Esto ha provocado la aprehensión mental y cultural de la ley del mínimo esfuerzo para obtener las cosas por parte de la mayoría de los venezolanos. Esta cultura ha sido reforzada por la clase política cuyas prácticas más comunes consisten en el populismo, el paternalismo, el clientelismo, el burocratismo, la corrupción, el despilfarro del Presupuesto Público, así como la falta de mantenimiento de la infraestructura pública y la falta de continuidad de los planes de desarrollo y los programas sociales.

Esta política tuvo su mayor auge durante el primer período presidencial de Carlos Andrés Perez con el llamado Plan de Pleno Empleo, donde no se promovió el trabajo productivo sino que se creó una gran cantidad de “empleos” improductivos que minaron la administración pública de porteros, vigilantes, choferes, ascensoristas, jardineros, recepcionistas, asistentes, aseadoras y cocineras, entre otros,  que en realidad la mayoría no cumplían ninguna función en las instituciones del Estado, incluso se veía el caso de muchas “nóminas fantasmas”, llamadas así porque los beneficiarios ni siquiera asistían al lugar de trabajo pero si cobraban las quincenas.

Esto no ha cambiado mucho durante los años de la revolución bolivariana a pesar de que se ha intentado desarrollar algunos programas teóricamente orientados a capacitar e insertar trabajadores a actividades productivas tales como: las misiones “Vuelvan Caras”, “Che Guevara” y “Saber y Trabajo”. En la práctica estos programas solo han contribuido a incrementar la nómina del Estado  y el Gasto Público, sin que se haya fomentado una cultura hacia el trabajo productivo.

Ante esta necesidad histórica de transformar la cultura rentista facilista y así poder sustituir el modelo económico rentista petrolero, que aunado a una guerra económica imperialista y a la incoherencia en la política económica vigente, provocan la crisis económica más profunda en la historia del país, urge implementar un conjunto de medidas y políticas orientadas a mejorar la productividad del aparato económico venezolano y a crear una mentalidad positiva y creativa hacia el trabajo y mayor compromiso de la masa trabajadora.

Para ello se requiere asumir una “Economía de Guerra” donde se convoque a toda la población a participar en el logro de metas de producción enmarcadas en sendos planes de desarrollo agrícola e industrial a nivel nacional.

En este sentido, se sugiere establecer un “Plan de Siembra Masiva de productos Agrícolas” y un “Plan Nacional de Producción de Materias Primas para la Industria”.

En este aparte plantearemos algunas ideas sobre el Plan de Siembra Masiva para el sector Agrícola, donde lo primero que hay que realizar es una campaña de concientización sobre la necesidad de producir en el país los productos esenciales para la alimentación a fin de garantizar seguridad y soberanía alimentaria y así dejar la dependencia de las importaciones en este sector, amén de la escasez de divisas y el bloqueo financiero que sufre el país.

Este Plan debe ser desarrollado tanto por el sector privado como el público para lo cual deben concertarse metas de producción anual para determinados rubros prioritarios que son los que entrarían en el esquema del plan.

Respecto al sector privado, debe comprometerse además de cumplir las metas anuales de producción, a distribuir y comercializar los productos dentro de los criterios establecidos y a los precios previamente acordados conjuntamente con el Gobierno y los trabajadores de acuerdo a las estructuras de costos definidas. Mientras que el Gobierno debe comprometerse con los privados a garantizarles materia prima, seguridad jurídica y facilidad en el financiamiento, así como un sistema cambiario que les permita exportar. Aunque el Plan esté dirigido a garantizar el abastecimiento interno, es importante que todos los sectores productivos reserven una cuota de su producción para la exportación, de modo que puedan generar sus propias divisas y cubrir sus requerimientos de materias primas y maquinarias importadas.

Por otra parte el sector público debe fijar sus propias metas de producción para lo cual deberá crear una infraestructura nacional donde se desarrollen “Granjas Patriotas de Producción Agrícola” que obedezcan a un modelo único moderno y eficaz que debe ser desarrollado por expertos de la actividad agrícola conjuntamente con los ministerios de agricultura y agricultura urbana. A estas Granjas Agrícolas además de un personal fijo para el funcionamiento permanente, deben concurrir un gran voluntariado conformado por profesionales de todo tipo, obreros, profesores, amas de casa, estudiantes, militares, desempleados, etc. que en la medida de sus posibilidades puedan contribuir con el cumplimiento de las metas de producción.

La motivación de este voluntariado debe ser la conciencia para defender la patria, vencer la guerra económica, sustituir el modelo rentista importador y alcanzar la seguridad y la soberanía alimentaria, no obstante, puede haber una motivación adicional adrede de lo que es hoy la política de bonos compensatorios al pueblo a través del carnet de la patria. Dichos bonos pueden transformarse hacia una política de “Bonos Productivos”, de manera que todos los voluntarios que participen en las Granjas Patrióticas obstaran a recibir los bonos que ahora están recibiendo muchos venezolanos en forma gratuita. De esta forma se estaría fomentando la cultura del trabajo y la productividad y se estaría venciendo el rentismo facilista y paternalista. Y adicionalmente estos bonos dejarán de ser dinero inorgánico que aumentan la liquidez monetaria y por ende la inflación, ya que ahora si tendrán un respaldo productivo.

Tenemos entonces que el “Bono Productivo” se asignaría a través del carnet de la patria a los voluntarios que participen en las Granjas Patrióticas de acuerdo a las horas mensuales de contribución a las metas de producción agrícola del Plan de Siembra Masiva.

Por supuesto, el voluntariado recibirá una capacitación y adiestramiento mínimo en las labores que desempeñaran y elegirán tanto la tarea como la zona donde prestarán servicio en función de sus posibilidades y circunstancias.

Igualmente, la distribución y comercialización de los bienes producidos se hará preferiblemente en el perímetro cercano a cada Granja Patriótica, lo cual permitirá abaratar los precios al consumidor final, por ello la importancia de que en el Plan participe el Ministerio de Agricultura Urbana y otras instituciones del Estado con base social como el Ministerio de las Comunas y el Ministerio de la Mujer entre otros.

Ovre

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