Seguimiento y evaluación: asignación pendiente en la gestión pública

Una síntesis apretada del libro Construyendo Gobiernos Efectivos señala que todos los países de América Latina y el Caribe, independientemente de su tamaño o su grado de desarrollo socioeconómico, han emprendido reformas para poner en marcha la gestión basada en resultados; que los logros más importantes se observan en el fortalecimiento de la función de planificación, y que los desafíos mayores consisten en construir en unos casos, y mejorar en otros, la capacidad institucional para el seguimiento y la evaluación de la gestión pública.

Los datos del estudio nos indican que el seguimiento y la evaluación no solamente obtienen puntajes más bajos en la mayoría de los países sino que la diferencia entre aquellos que han logrado construir capacidades en este terreno y aquellos que no, es mayor en esta que en el resto de las áreas estudiadas, tal como lo muestra el gráfico.  Teniendo en cuenta que el uso del seguimiento y la evaluación en gran medida diferencia a una gestión basada en resultados de una tradicional -si no se miden los resultados no es posible “gestionarlos”-  la línea roja  del gráfico expresa la situación real de los países de la región en cuanto a la GpRD.

De lo dicho surge la siguiente pregunta ¿Es inevitable que esa brecha subsista hasta que no se hayan consolidado otros sistemas?

Creemos que la respuesta es negativa; si existe la voluntad política propicia es posible emprender la construcción de  mecanismos básicos de seguimiento y evaluación a las estrategias prioritarias de los gobiernos. Varios países pequeños, con capacidades institucionales limitadas, han emprendido antes y ahora este tipo de  iniciativas con éxito. El seguimiento a los Objetivos de Desarrollo del Milenio lo prueba.  Creemos que la dificultad no está en el arranque, sino en la persistencia y continuidad de los procesos. En efecto, si revisamos las iniciativas que buscaron implementar sistemas de SyE en las tres últimas décadas encontramos muchos emprendedores pero pocos persistentes (Chile y Colombia).

No obstante, hay sistemas de gestión del sector público en los que se observa mayor persistencia: por ejemplo, los sistemas de gestión financiera pública son hoy más sólidos de lo que fueron a finales del siglo pasado.  ¿Qué explica entonces esta falta de persistencia en el campo de seguimiento y evaluación?  Nuestro estudio entrega algunas pistas:

  • No existen incentivos para medir el desempeño, en algunos casos existen, por el contrario, incentivos para no medirlos; la asignación incremental de presupuesto es un ejemplo.
  • Existe una cultura institucional que mira con recelo la evaluación.
  • Los análisis de seguimiento y los estudios de evaluación no se usan para el aprendizaje institucional y para mejorar el desempeño, sea por una inadecuada comunicación de los resultados o por temor a difundir los hallazgos.

Estas pistas sugieren que, además de trabajar en los aspectos generalmente considerados en los procesos de implementación de los sistemas de seguimiento y evaluación como las metodologías y los sistemas informáticos, es importante remover las barreras que existen para su funcionamiento (normas, instrumentos, costumbres, percepciones) y comunicar los beneficios que traerán.  El aprendizaje de lo nuevo es tan importante como el des-aprendizaje de lo viejo.

Fuente: blogs.iadb.org

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