Vivir con menos: decrecimiento

Vivir con menos: decrecimiento

El crecimiento económico se encuentra equiparado a desarrollo, sin considerar que la acumulación de bienes no necesariamente lleva al bienestar de las personas. El decrecimiento plantea una forma de vivir mejor con menos y sin destruir nuestro planeta.

Cuando se cuestiona el crecimiento económico, inmediatamente se piensa que la alternativa es volver a la época de las cavernas, perder todo lo que hemos ganado con el progreso; sin embargo, existen alternativas claras a este devastador sistema económico que tiene como consigna el crecimiento sin importar sus consecuencias. Para comprender estas alternativas, primero hay que reconocer cuales son los estándares actuales para medir el desarrollo de nuestras sociedades: Simplemente se iguala desarrollo con crecimiento económico, como si la adquisición de “cosas” fuera todo lo que importa. Por lo tanto, en la mayoría de los países del mundo se mide el Producto Interno Bruto (PIB), que es la suma de bienes y servicios consumidos en un lugar determinado durante cierto periodo de tiempo (por lo general, en un país durante un año).
El PIB aumenta sólo cuando se consumen más bienes y servicios que en el periodo anterior. Por ejemplo, para una compañía que fabrica automóviles, que vendió 500.000 vehículos en el año 2010, solo se considerará crecimiento positivo si vende más de medio millón de unidades en el año 2011, sin importar las condiciones de las carreteras del país, el nivel de contaminación u otros factores sociales y ambientales en los que su negocio podría tener impacto.
En consecuencia, el crecimiento económico se alimenta a sí mismo; es un crecimiento sin motivo ni razón, y que en nada va ligado al bienestar de las personas. Es altamente absurdo que el desarrollo de un país se mire sólo a partir del crecimiento económico, ya que sabemos que el aumento de bienes en ninguna medida asegura la felicidad humana.

¿Qué nos hace felices?

Antes de plantear mecanismos de desarrollo acordes a las necesidades humanas debemos preguntarnos qué nos hace felices, y las respuestas son muy simples: A las personas nos interesa la salud propia y de los seres queridos, deseamos ser amados y disfrutar de las relaciones y nuestro entorno.
Por lo tanto, el dinero y los bienes materiales son sólo medios para conseguir lo que nos interesa, no fines en sí mismos. Esto demuestra la contradicción de nuestro actual sistema, basado en la idea de que se puede producir infinitamente, considerando que los recursos son ilimitados, pero nos encontramos con la dura realidad de que nuestro planeta tiene recursos finitos, que se pueden acabar (incluso muchos de ellos ya se han agotado), por lo tanto el planeta es un bien escaso. El modelo de crecimiento eterno simplemente no es sustentable.

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